🧠 La perspectiva incómoda de la semana
5 historias que un líder incómodo entiende mejor… mientras otros siguen discutiendo la superficie
Por Mario Elsner — Liderazgo de Impacto
Donde la experiencia se convierte en tu guía.
1. ¿Despedir a Recursos Humanos arregla el problema… o solo cambia de culpable?
La noticia recorrió internet con velocidad de incendio.
Ryan Breslow, CEO de Bolt, anunció que eliminó completamente el área de Recursos Humanos porque, según sus palabras, estaba creando problemas que no existían. Bastaron unas horas para que aparecieran dos bandos perfectamente definidos. De un lado, empresarios celebrando la decisión como una muestra de valentía. Del otro, profesionales de Recursos Humanos acusándolo de no entender el verdadero papel que cumple la función dentro de una organización moderna.
Y siendo honestos, entiendo a ambos.
Después de más de dos décadas trabajando dentro de corporativos he visto departamentos de Recursos Humanos convertir procesos sencillos en laberintos burocráticos. He visto políticas diseñadas para proteger procedimientos antes que personas. También he visto líderes que jamás aprendieron a dirigir seres humanos y que creen que presionar más fuerte es una estrategia legítima de Liderazgo.
Por eso me parece que la conversación más interesante no está donde todos la están buscando.
Porque esta noticia no habla realmente de Recursos Humanos.
Habla de confianza.
Cuando un líder siente que RH estorba al negocio y los colaboradores sienten que RH tampoco los representa, el problema ya dejó de ser un departamento. El problema se volvió sistémico.
Mientras ambos bandos discuten quién tiene razón, existe una tercera persona que suele desaparecer completamente de la conversación: el colaborador.
El que escucha discursos sobre bienestar mientras responde mensajes a las diez de la noche para demostrar compromiso.
El que escucha hablar de confianza mientras aprende rápidamente cuáles son los temas que es mejor no mencionar.
El que llena encuestas de clima organizacional sin saber si alguien las leerá o temiendo que alguien sí las lea.
Cuando una organización llega a ese punto, el problema deja de llamarse Recursos Humanos.
Y también deja de llamarse liderazgo.
Empieza a llamarse confianza.
He conocido líderes extraordinarios atrapados en culturas terribles. También he conocido excelentes equipos de Recursos Humanos intentando corregir sistemas diseñados para producir exactamente los comportamientos que después la empresa intenta combatir.
Porque cuando el sistema premia obedecer, la gente deja de cuestionar.
Cuando premia quedar bien, la gente deja de decir la verdad.
Y cuando premia resultados a cualquier costo, las personas terminan convirtiéndose en parte del costo.
Por eso no estoy convencido de que despedir al árbitro (HR) arregle el partido.
Tampoco creo que esa sea la verdadera lección.
La lección incómoda es otra:
“Si una organización necesita encontrar culpables permanentes para explicar sus problemas, probablemente nunca entendió cuáles eran sus verdaderos problemas.” LIDERAZGO SIN FILTRO M. Elsner
👉 Reflexión incómoda:
¿Qué comportamiento está premiando tu organización hoy… aunque oficialmente diga exactamente lo contrario?
2. Task Masking: cuando parecer ocupado vale más que generar impacto Truco de la Gen Z
La Generación Z decidió ponerle nombre a algo que existe desde hace décadas.
Lo llaman task masking. (hacerse menso)
Consiste en aparentar actividad para transmitir productividad. Programar correos para horarios estratégicos. Mantener el estatus conectado. Mover ventanas. Simular presencia. Construir la apariencia de trabajo aunque el valor generado sea mínimo.
Muchos lideres estilo Jurásico reaccionaron indignados.
Yo creo que ambos están mirando el lugar equivocado.
Porque este fenómeno no nació con la Generación Z.
Nació con líderes que aprendieron a medir presencia en lugar de resultados.
La mayoría de las organizaciones afirman valorar el impacto. Sin embargo, siguen premiando exactamente otra cosa.
Premian al que responde más rápido.
Premian al último que se desconecta.
premian al que calienta la Banca
Premian al que hace “cómo que trabaja”
Premian al primero que llega.
Premian al que parece estar más ocupado.
Y cuando una organización recompensa esos comportamientos durante años, no debería sorprenderse cuando las personas optimizan para ellos.
La gente juega el juego que diseñas.
No el que declaras.
Por eso esta noticia me parece menos una historia generacional y más una radiografía de liderazgo.
Porque el problema nunca fue aparentar productividad.
El problema es que demasiadas organizaciones siguen sin saber medir impacto. Y cuando no puedes medir impacto, terminas administrando apariencias.
👉 Reflexión incómoda:
¿Tu equipo sabe exactamente qué significa generar valor… o todavía cree que verse ocupado es suficiente?
3. El álbum Panini sigue ganando dinero porque entendió algo que muchas empresas olvidaron
Cada cuatro años sucede algo que desafía buena parte de las reglas que los expertos en innovación suelen repetir. Mientras aparecen nuevas plataformas, cambian los hábitos digitales y la inteligencia artificial promete transformar industrias enteras, millones de personas vuelven voluntariamente a comprar un producto que, en esencia, ha cambiado muy poco desde que nuestros padres eran niños: un álbum de estampas.
Persiguen las difíciles, intercambian repetidas, discuten estrategias para completarlo y convierten un pedazo de papel en una experiencia compartida. Lo interesante no es que Panini siga existiendo. Lo verdaderamente interesante es preguntarse por qué sigue siendo relevante.
Porque Panini nunca ha estado realmente en el negocio de vender papel. Lo que ha perfeccionado durante décadas es algo mucho más difícil de copiar: la capacidad de convertir una necesidad humana en un ritual recurrente. El álbum funciona porque activa pertenencia, conversación, nostalgia, competencia amistosa y sentido de comunidad. La tecnología alrededor cambia constantemente; esas emociones prácticamente no.
Y ahí aparece una lección que muchas empresas olvidan cuando se obsesionan con perseguir la siguiente tendencia. Los negocios más resistentes rara vez son los que tienen la tecnología más novedosa. Con frecuencia son los que entienden con mayor profundidad una necesidad humana que seguirá existiendo dentro de diez años.
La innovación importa, por supuesto. Pero la innovación sin comprensión del comportamiento humano suele convertirse en una carrera interminable por mantenerse vigente. Panini lleva décadas demostrando exactamente lo contrario: cuando entiendes por qué la gente regresa, puedes sobrevivir a generaciones completas de cambios tecnológicos.
Lo mismo ocurre en liderazgo. Las herramientas evolucionan todos los años. Aparecen nuevas metodologías, nuevos softwares y nuevas formas de trabajar. Sin embargo, las personas continúan necesitando prácticamente lo mismo que necesitaban hace veinte años: claridad para entender hacia dónde van, confianza para actuar, reconocimiento por su contribución y una sensación genuina de propósito.
“Por eso el liderazgo moderno no consiste únicamente en adoptar lo nuevo. También consiste en identificar qué cosas nunca cambian y construir sobre ellas.” LIDERAZGO SIN FILTRO M. Elsner
👉 Reflexión incómoda:
¿Tu negocio está persiguiendo tendencias… o resolviendo necesidades que seguirán existiendo dentro de diez años?
4. 🍣 Un campeonato mundial de sushi demuestra por qué la especialización sigue venciendo a la dispersión
Hace cuarenta años esta noticia habría parecido absurda.
Miles de especialistas compitiendo en un campeonato mundial de sushi fuera de Japón.
Cincuenta mil piezas preparadas en vivo.
Representantes de distintos países.
Carreras completas construidas alrededor de dominar una disciplina extremadamente específica.
Y sin embargo ahí están.
Lo interesante no es el sushi.
Lo interesante es lo que revela.
Vivimos en una época donde parecer versátil se volvió casi una obligación profesional.
Todos quieren aprender un poco de inteligencia artificial, un poco de liderazgo, un poco de marketing, un poco de ventas, un poco de finanzas, un poco de comunicación.
Y terminan convirtiéndose en generalistas promedio.
Mientras tanto, el mercado sigue recompensando algo completamente diferente.
ESPECIALIDAD
Los expertos generan valor porque entienden problemas que otros apenas alcanzan a identificar.
Y para llegar ahí hace falta algo que hoy parece impopular:
Renunciar.
Renunciar a muchas oportunidades.
Renunciar a muchas distracciones.
Renunciar a la ilusión de hacerlo todo.
Porque toda especialización es, en el fondo, una decisión consciente de ignorar cientos de caminos posibles para profundizar en uno solo.
Eso también aplica al liderazgo.
Los líderes más efectivos que he conocido no hacen todo.
Construyen sistemas que les permiten enfocarse en aquello donde realmente generan diferencia.
👉 Reflexión incómoda:
¿Estás desarrollando una ventaja competitiva real… o simplemente acumulando habilidades sin dirección?
5. 🪑 El perchero desaparece. El liderazgo también está mutando.
A primera vista parece una noticia irrelevante.
Un objeto cotidiano está siendo reemplazado por alternativas más modernas y funcionales.
Nada espectacular.
Nada revolucionario.
Nada que normalmente asociaríamos con liderazgo.
Precisamente por eso me llamó la atención.
Porque es una metáfora perfecta de lo que está ocurriendo en las organizaciones.
Las cosas no desaparecen porque sí.
Desaparecen porque dejaron de resolver mejor el problema.
El perchero no desaparece porque la gente dejó de necesitar organizar ropa.
Desaparece porque surgieron formas más eficientes de hacerlo.
La necesidad permanece.
La solución evoluciona.
Y exactamente lo mismo está ocurriendo con el liderazgo.
Las personas siguen necesitando coordinación.
Siguen necesitando dirección.
Siguen necesitando decisiones.
Siguen necesitando líderes.
Lo que está desapareciendo es la forma tradicional de ejercerlo.
La autoridad basada exclusivamente en jerarquía.
El control permanente.
La supervisión obsesiva.
La centralización absoluta.
Muchos líderes interpretan esto como una amenaza.
Yo lo interpreto como una evolución inevitable.
Porque el liderazgo no está muriendo.
Está mutando.
Y quienes insistan en defender herramientas diseñadas para otro contexto terminarán pareciéndose mucho al perchero: útiles durante décadas, pero incapaces de competir con las necesidades actuales.
👉 Reflexión incómoda:
¿Qué parte de tu liderazgo sigues defendiendo porque antes funcionaba… aunque el contexto ya haya cambiado?
💭 Cierre incómodo
Las cinco historias de esta semana parecen hablar de cosas distintas.
Recursos Humanos.
Generación Z.
Álbumes del Mundial.
Sushi.
Muebles.
Pero en realidad todas apuntan al mismo lugar.
La diferencia entre adaptarse superficialmente y entender profundamente lo que está cambiando.
Los líderes cómodos reaccionan a las noticias.
Los líderes incómodos buscan patrones.
Porque saben que los síntomas siempre son visibles.
La causa casi nunca.
Y mientras la mayoría sigue discutiendo quién tiene la culpa, los líderes de impacto están haciendo una pregunta mucho más útil:
¿Qué sistema está produciendo este resultado?
📘 Si liderar se siente más pesado de lo que debería…
Hay una razón.
La mayoría de nosotros aprendimos a trabajar.
No a liderar.
Aprendimos a cumplir objetivos.
No a desarrollar personas.
Aprendimos a resolver problemas.
No a construir sistemas que funcionen sin depender de nosotros.
Por eso escribí De Jefe a Líder Impactante.
No para compartir teoría bonita.
Ni frases de LinkedIn.
Ni fórmulas mágicas.
Lo escribí para responder una realidad que he visto repetirse durante más de veinte años en empresas de todos los tamaños:
nadie nos enseña a estar a cargo.
Y cuando nadie te enseña, terminas liderando como puedes.
A prueba y error.
Con desgaste.
Con culpa.
Con demasiada presión encima.
Si quieres construir equipos más fuertes, delegar mejor, tomar decisiones con más criterio y generar resultados sin convertirte en el cuello de botella de tu organización, este libro fue escrito exactamente para eso.
Porque el problema no es que te falte talento.
Muchas veces el problema es que sigues usando un sistema de liderazgo que ya no corresponde al mundo que estás intentando dirigir.






