🧠 La perspectiva incómoda de la semana
5 historias que un líder incómodo entiende mejor… mientras otros siguen atrapados en la noticia.
Por Mario Elsner — Liderazgo de Impacto
Donde la experiencia se convierte en tu guía.
👕 Mark Zuckerberg y el error de creer que el liderazgo tiene una sola forma
Si uno tomara los manuales tradicionales de liderazgo y diseñara al director ideal, probablemente el resultado sería exactamente lo contrario a Mark Zuckerberg.
Durante años vimos desfilar a líderes carismáticos, grandes oradores, ejecutivos impecablemente vestidos y expertos en construir una imagen pública poderosa. Mientras tanto, Zuckerberg parecía más cómodo detrás de una computadora que frente a una audiencia. No proyectaba la imagen clásica del director corporativo. No parecía interesado en agradar. No parecía obsesionado con la aprobación. Y sin embargo terminó construyendo una de las organizaciones más influyentes del planeta.
Eso fue lo que me llamó la atención al leer un análisis reciente sobre las prácticas de liderazgo dentro de Meta. Más allá de los resultados financieros o de las polémicas que siempre acompañan a la compañía, lo interesante es que muchas de las decisiones que tomó contradicen gran parte de lo que solemos escuchar sobre liderazgo.
Y ahí es donde creo que aparece una conversación mucho más interesante que la propia historia de Zuckerberg.
💬 Mi mirada incómoda:
Creo que muchas personas siguen confundiendo liderazgo con personalidad.
Lo veo constantemente en empresas. Hay quienes creen que para liderar necesitas ser extrovertido, inspirador, carismático o extraordinariamente bueno hablando. Y cuando no encajan en esa imagen empiezan a convencerse de que no nacieron para dirigir.
El problema es que la realidad suele ser mucho más compleja.
He conocido directores brillantes que parecían cualquier cosa menos directores. Personas reservadas, poco expresivas o incluso incómodas socialmente. También he conocido personas con enorme presencia, excelentes discursos y gran habilidad para proyectar autoridad que después eran incapaces de sostener una decisión difícil cuando realmente importaba.
Por eso la historia de Zuckerberg me parece tan interesante.
No porque debamos copiar su estilo.
Ni porque todas sus decisiones hayan sido correctas.
Sino porque nos recuerda que el liderazgo no es un uniforme. No es una voz grave. No es una forma específica de hablar o comportarse.
Liderar consiste en tomar decisiones cuando todavía no existe suficiente información para garantizar que funcionarán.
Cuando compró Instagram hubo expertos explicando por qué era una mala idea. Cuando compró WhatsApp ocurrió exactamente lo mismo. Cuando apostó miles de millones al metaverso volvieron a aparecer las críticas.
Algunas terminaron teniendo razón.
Otras no.
Pero ese tampoco es el punto.
Lo importante es entender que mientras millones de personas opinaban desde fuera, alguien tenía que decidir desde dentro.
Y esa es una diferencia enorme.
Porque opinar no tiene consecuencias. Decidir sí.
En una época donde la inteligencia artificial puede responder prácticamente cualquier pregunta, cada vez estoy más convencido de que el activo más valioso de un líder será el criterio. La capacidad de analizar información, escuchar perspectivas diferentes, desafiar sus propias creencias y aun así asumir la responsabilidad de tomar una decisión cuando nadie puede garantizar el resultado.
Eso no lo hará ChatGPT. Eso seguirá siendo trabajo del líder.
👉 Reflexión incómoda:
¿Cuántas decisiones importantes has retrasado esperando más información cuando en realidad lo que necesitas es más criterio?
⚽ Tim Payne y la razón por la que las oportunidades casi nunca llegan disfrazadas de oportunidad
Hace apenas unas semanas, fuera de ciertos círculos deportivos, muy pocas personas sabían quién era Tim Payne. Hoy millones conocen su nombre gracias a un momento que parecía insignificante y que terminó convirtiéndose en una historia viral relacionada con el Mundial.
Lo interesante no es la anécdota en sí.
Lo interesante es la velocidad con la que una acción aparentemente sencilla puede cambiar la visibilidad de una persona.
Vivimos en una época donde seguimos creyendo que las grandes oportunidades llegan acompañadas de un anuncio formal, una promoción, un reconocimiento o una invitación importante. Sin embargo, cada vez es más común que aparezcan disfrazadas de algo mucho más simple: una conversación, una publicación, una decisión pequeña o incluso un acto espontáneo que nadie consideraba relevante en ese momento.
Y eso me parece profundamente relacionado con el liderazgo.
💬 Mi mirada incómoda:
Después de años trabajando con líderes, he descubierto algo curioso. Muchas personas pasan demasiado tiempo preparándose para oportunidades que ya podrían estar tomando. Siguen estudiando, buscando validación o esperando sentir esa famosa certeza de que ahora sí están listos. Lo que termina ocurriendo es que mientras ellos siguen preparándose, alguien más decide actuar con las mismas dudas, los mismos miedos y muchas veces con menos experiencia. Y ahí es donde aparecen las oportunidades que después parecen golpes de suerte.
La visibilidad no aparece después de actuar.
Muchas veces aparece precisamente porque actuaste.
Cuando reviso mi propia carrera encuentro decenas de momentos donde las oportunidades importantes llegaron por algo que en su momento parecía pequeño. Una reunión que nadie quería atender. Un proyecto complicado. Una responsabilidad que oficialmente no me correspondía. Una conversación incómoda que muchos preferían evitar.
Nunca parecían grandes oportunidades.
De hecho, la mayoría parecían problemas.
Por eso me preocupa cuando escucho a personas esperando “su momento”.
Porque el momento rara vez se presenta diciendo que es el momento.
Generalmente aparece disfrazado de trabajo adicional, incertidumbre o incomodidad.
Y justamente por eso la mayoría no lo reconoce.
Los líderes incómodos entienden que el crecimiento rara vez ocurre dentro de las condiciones ideales. Ocurre cuando decides participar antes de sentirte completamente preparado.
👉 Reflexión incómoda:
¿Qué oportunidad estás ignorando hoy simplemente porque todavía no parece suficientemente grande?
3. 🧩 Lo que Tetris puede enseñarnos sobre liderazgo y por qué sigue siendo más vigente que muchos libros de negocios
Hace unos días me encontré con una nota sobre el Día Mundial de Tetris y, siendo honesto, pensé que sería una de esas curiosidades que uno lee por dos minutos y olvida cinco después.
Pero me quedé pensando.
Estamos hablando de un videojuego creado hace más de cuarenta años. Un juego que nació en un mundo donde no existía internet como lo conocemos hoy, donde los teléfonos servían para llamar y donde la inteligencia artificial parecía ciencia ficción. Desde entonces hemos visto desaparecer empresas gigantes, tecnologías que prometían cambiar el mundo y aplicaciones que parecían imparables hasta que alguien las reemplazó por algo más nuevo.
Y aun así Tetris sigue ahí.
Generaciones enteras han pasado frente a esas piezas que caen una detrás de otra intentando acomodarlas antes de que la pantalla se llene por completo. Lo juegan personas que crecieron en los noventas, pero también jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando apareció por primera vez.
Eso me parece fascinante.
Porque vivimos obsesionados con la innovación, con la siguiente tecnología, con la próxima tendencia que supuestamente va a cambiarlo todo. Sin embargo, un juego absurdamente simple sigue demostrando que muchas veces las cosas más poderosas no son las más sofisticadas.
💬 Mi mirada incómoda:
Mientras leía la nota no podía dejar de pensar en la agenda de muchos directores que conozco. De hecho, por momentos sentí que estaba viendo mi propia agenda de hace algunos años.
Una junta termina y ya tienes tres correos marcados como urgentes. Sales de una llamada y te esperan dos problemas operativos que nadie pudo resolver sin ti. Apenas empiezas a trabajar en algo importante cuando aparece un mensaje, una crisis, una solicitud o una reunión inesperada que exige atención inmediata.
Y así pasan los días.
No porque falte capacidad.
No porque falten ganas.
Sino porque constantemente están cayendo piezas nuevas sobre el tablero.
Ahí fue donde entendí por qué Tetris me parecía tan parecido al liderazgo.
La mayoría de las personas cree que el secreto está en reaccionar más rápido. Que el líder exitoso es el que responde antes, atiende más cosas, participa en más reuniones o logra sostener más proyectos al mismo tiempo.
Pero Tetris no funciona así.
Después de cierto nivel, la velocidad deja de ser la ventaja. Lo que marca la diferencia es la capacidad de reconocer patrones, anticipar movimientos y decidir dónde colocar cada pieza antes de que el tablero se convierta en un caos.
Recuerdo una etapa de mi carrera donde terminaba los días con la sensación de haber trabajado muchísimo y, aun así, sentía que no avanzaba. Había asistido a todas las juntas, respondido decenas de correos, apagado varios incendios y atendido cada problema que aparecía en el camino. Desde fuera parecía productividad. Desde dentro se sentía como correr en una caminadora.
Con el tiempo entendí que el problema no era la cantidad de trabajo. El problema era que estaba dejando que las piezas decidieran por mí dónde iban a caer. Cada nueva urgencia encontraba espacio en mi agenda porque asumía que todo merecía atención inmediata. Hasta que descubrí algo incómodo: muchas de las cosas que consumían mis días no movían realmente al negocio, al equipo ni a mí.
Fue entonces cuando empecé a ver el liderazgo de forma diferente. No como la capacidad de atender más cosas, sino como la capacidad de decidir qué cosas merecen ocupar espacio y cuáles no. Porque llega un momento en que decir sí a todo deja de ser una señal de compromiso y se convierte en una renuncia silenciosa a tus verdaderas prioridades.
Y esa decisión, la de proteger lo importante aunque alrededor todo parezca urgente, suele ser mucho más difícil que simplemente seguir reaccionando.
Y esa es una habilidad mucho más difícil de desarrollar de lo que parece.
Por eso veo tantos líderes agotados. No porque trabajen poco. Al contrario. Muchas veces trabajan demasiado. El problema es que intentan acomodar todas las piezas que llegan sin preguntarse cuáles realmente pertenecen a su tablero.
👉 Reflexión incómoda:
Cuando observas tu agenda de las últimas semanas, ¿ves decisiones conscientes sobre dónde invertir tu tiempo y tu energía o simplemente ves un tablero lleno de piezas que han ido cayendo una detrás de otra sin que nadie haya decidido realmente cuáles importan?
4. 🌟 El joven que vende perfume en Culiacán y la razón por la que muchas oportunidades mueren antes de nacer
Hace unos días vi una nota que, probablemente, la mayoría de las personas habría pasado por alto.
No hablaba de una startup valuada en millones de dólares. No aparecía ningún inversionista famoso. No había rondas de capital, inteligencia artificial ni palabras de moda para impresionar en LinkedIn.
La historia era mucho más sencilla.
Un joven en Culiacán comenzó a vender aplicaciones de perfume a estudiantes por veinte pesos. Nada más.
Y justamente por eso me llamó la atención.
Porque cuando uno lleva años trabajando en negocios termina descubriendo algo curioso: muchas veces las mejores oportunidades parecen demasiado pequeñas para que alguien las tome en serio.
Nos enseñaron a buscar “la gran idea”. El producto revolucionario. La innovación que cambiará una industria completa.
Mientras tanto, miles de oportunidades reales pasan frente a nosotros todos los días sin que las veamos.
Quizá porque son demasiado obvias o simples.
Mientras leía la nota imaginaba la cantidad de personas que vieron exactamente el mismo problema que él. Decenas. Tal vez cientos. Todos observaron estudiantes que querían oler bien, pero que no necesariamente podían comprar una botella completa de perfume.
La diferencia es que la mayoría observó la situación. Uno decidió actuar.
💬 Mi mirada incómoda:
Con frecuencia escucho líderes hablando de innovación como si fuera una disciplina reservada para compañías gigantescas. Hablan de transformación, de tendencias, de laboratorios de ideas y de metodologías sofisticadas.
Sin embargo, después de años viendo negocios crecer y otros desaparecer, he llegado a una conclusión mucho más simple.
La innovación casi siempre comienza prestando atención.
No al mercado global.
No a la siguiente tecnología.
No a lo que está haciendo Silicon Valley.
A las personas.
A los comportamientos.
A los pequeños problemas que todos aceptan como normales.
Porque ahí es donde suelen esconderse las oportunidades.
Y aquí aparece algo que conecta directamente con el liderazgo.
Los mejores líderes que he conocido rara vez son los más brillantes en teoría. Son los que desarrollan una obsesión por observar. Observan a sus clientes. Observan a sus equipos. Observan sus procesos. Observan aquello que todos los demás dejaron de ver porque se acostumbraron.
Por eso me gusta esta historia.
No porque venda perfumes.
Sino porque recuerda algo que muchos olvidamos: las oportunidades rara vez llegan disfrazadas de oportunidad.
Normalmente llegan disfrazadas de algo tan simple que parece no valer la pena.
👉 Reflexión incómoda:
¿Qué problema pequeño llevas meses observando sin darte cuenta de que podría convertirse en tu siguiente oportunidad?
5. 🎬 Lo que Scary Movie puede enseñarnos sobre liderazgo, negocios y la ventaja de incomodar
Recuerdo cuando salió la primera Scary Movie.
En aquel momento el cine de terror se tomaba muy en serio a sí mismo. Cada nueva película intentaba ser más oscura, más intensa o más aterradora que la anterior. Los estudios invertían millones buscando sorprender al público y construir la siguiente gran franquicia.
Y entonces apareció alguien que decidió hacer exactamente lo contrario.
En lugar de competir por dar más miedo, decidió burlarse de todo el género.
Tomó las escenas más famosas, los personajes más reconocibles y los momentos más dramáticos para convertirlos en una parodia. Sobre el papel parecía una idea ridícula. De hecho, imagino que más de un ejecutivo pensó que aquello duraría una película y desaparecería.
Pero ocurrió algo curioso.
Mientras todos intentaban perfeccionar la misma fórmula, alguien tuvo la suficiente libertad para reírse de ella. Y la gente respondió. No porque fuera una mejor película de terror. Precisamente porque no intentaba serlo.
Cada vez que veo casos así me acuerdo de muchas empresas que he conocido a lo largo de mi carrera. Compañías enteras intentando ganarle a la competencia haciendo exactamente lo mismo que la competencia, solo que un poco más rápido, un poco más barato o un poco más eficiente.
El problema es que cuando todos corren en la misma dirección, la diferencia entre uno y otro termina siendo mínima.
Por eso me parece tan interesante la historia de Scary Movie. No porque hable de cine. Habla de algo mucho más universal. Habla de la capacidad de observar una categoría completa y preguntarte si realmente tienes que jugar bajo las mismas reglas que todos los demás.
Y muchas veces ahí es donde nacen las oportunidades que nadie vio venir.
💬 Mi mirada incómoda:
Creo que esto ocurre constantemente en empresas y en liderazgo.
Conozco organizaciones que pasan años intentando superar a su competencia utilizando exactamente las mismas herramientas, los mismos discursos y las mismas estrategias.
La consecuencia es predecible. Todos terminan pareciéndose.
Y cuando todos se parecen, la única manera de competir es bajar precios, correr más rápido o trabajar más duro.
Es una carrera desgastante.
Por eso me llaman la atención historias como esta.
Porque recuerdan que existe otra posibilidad.
La posibilidad de cuestionar la categoría.
La posibilidad de preguntar por qué hacemos las cosas de cierta manera.
La posibilidad de romper una regla que nadie se había atrevido a desafiar.
Eso fue lo que hizo Scary Movie.
No intentó ganar dentro del juego.
Cambió el juego.
Y eso conecta profundamente con el liderazgo incómodo.
Porque el liderazgo incómodo no consiste en ser rebelde por deporte. Consiste en tener el criterio suficiente para identificar qué reglas siguen teniendo sentido y cuáles se mantienen vivas únicamente por costumbre.
Los líderes cómodos perfeccionan sistemas.
Los líderes incómodos también se atreven a cuestionarlos.
Y muchas veces las mayores oportunidades nacen exactamente ahí.
No donde todos están compitiendo.
Sino donde nadie se ha atrevido a mirar.






