La noche en que creí que había arruinado mi vida
Una historia real para los que creen que ya van tarde
Recién graduado, lo único que tenía claro era que no quería ser contador.
Pero lo estudié. Porque así era antes: mi papá era contador, y tenía esta idea —muy de los sesenta— de que en la familia tenía que haber un abogado, un contador y, si se podía, un doctor. A mí me tocó el de los números.
Me gustaran o no.
Y como no tenía muchos recursos, ni con…


