El “Y si, sí…” NO alcanza para ganarle a Inglaterra. Aceptémoslo
México No tiene el plantel más caro. Tampoco las mayores figuras. Pero quizá tiene algo que en las empresas cuesta mucho más construir que el talento.
Ojo…..
Hace unos días terminé viendo el partido de México rodeado de un grupo de desconocidos, en el restaurante donde esta trabajando mi hijo este verano.
Bastó que sonara el silbatazo final para que apareciera algo que, curiosamente, se repite cada cuatro años.
El famoso:
”¿Y si sí?”
Me dio risa porque esa frase dice mucho más de nosotros de lo que parece.
Los mexicanos llevamos décadas viviendo entre dos emociones completamente opuestas. Antes de empezar un Mundial solemos convencernos de que no tenemos posibilidades. Después de un par de buenos resultados empezamos a creer que ahora sí podemos competir contra cualquiera.
Y mientras escuchaba las conversaciones alrededor, pensé en algo que quizá no sea muy popular decir.
Mañana que México jugará contra Inglaterra, probablemente hay que aceptar que Inglaterra tiene mucho más talento individual.
No hace falta ser experto en fútbol para verlo.
Sus jugadores compiten semana tras semana en las mejores ligas del mundo. Sus plantillas están llenas de futbolistas que cualquier entrenador quisiera tener. Lo mismo ocurre con Francia, Argentina, España o Portugal. Son selecciones que pueden cambiar un partido con una sola individualidad.
México, en cambio, juega otro deporte.
No porque las reglas cambien.
Porque sus posibilidades sí cambian.
Nuestro margen de error es mucho menor. No solemos tener al mejor jugador del torneo. Tampoco al más caro ni al más famoso. De hecho, antes del partido contra Ecuador leía una estadística que me llamó la atención: tres futbolistas ecuatorianos tenían un valor de mercado superior al de buena parte del plantel mexicano.
Y, sin embargo, ahí estaba México.
Compitiendo.
Corriendo cada balón.
Cubriéndose unos a otros.
Haciendo algo que muchas veces pasa desapercibido porque no aparece en los resúmenes del partido.
Jugando como equipo.
Mientras veía eso pensé que llevo veinticinco años observando exactamente el mismo fenómeno dentro de las empresas.
Las organizaciones suelen obsesionarse con contratar estrellas. Buscan al vendedor brillante, al director más reconocido, al ejecutivo con el currículum más impresionante o al especialista que todos quieren fichar. Dedicamos meses a convencer a una sola persona de que se una al proyecto, como si el futuro de la organización dependiera exclusivamente de encontrar al próximo Messi.
Lo curioso es que, cuando esos equipos empiezan a trabajar, muchas veces descubres que las estrellas también necesitan alguien que recupere balones, alguien que haga coberturas, alguien que corra cuando nadie aplaude y alguien que esté dispuesto a hacer el trabajo que jamás aparecerá en la portada del periódico.
Ahí es donde empiezan a ganar los equipos de verdad.
Con los años he aprendido que un Equipo de Leyenda rara vez es el que reúne a los mejores individuos. Normalmente es el que consigue que personas normales jueguen extraordinariamente bien juntas.
Y esa diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la manera de construir organizaciones.
Quizá por eso México despierta tanta simpatía cuando juega así. Porque, aunque sabemos que enfrente habrá selecciones con más presupuesto, con mejores ligas y con futbolistas mucho más cotizados, también intuimos que existe algo profundamente humano en ver a un grupo de personas compensar con coordinación y colaboración aquello que no puede compensar con talento individual.
No sé hasta dónde llegará esta selección.
Puede quedarse en la siguiente ronda.
Puede sorprendernos.
O puede recordarnos, una vez más, que en el fútbol nunca basta con las buenas intenciones.
Pero, pase lo que pase, creo que ya nos dejó una lección que trasciende el deporte.
Vivimos en una época que idolatra a las estrellas y olvida que casi todos los grandes resultados de la historia fueron construidos por sistemas y EQUIPOS mucho antes que por héroes. LIDERAZGO SIN FILTRO M. Elsner
Las empresas necesitan menos salvadores.
Y muchos más equipos de leyenda.
Porque las estrellas ganan partidos.
Los equipos cambian historias.
Reflexión incómoda
Quizá el verdadero error de muchas organizaciones no sea que les falte talento.
Quizá llevan años buscando al próximo héroe cuando lo que realmente necesitan es aprender a construir un equipo donde nadie tenga que salvar a los demás.
Mario Elsner
“Ser Incómodo es el Nuevo Liderazgo”
Cada semana comparto historias nacidas de conversaciones, viajes, empresas y escenas cotidianas que terminan enseñándome algo sobre liderazgo. Si disfrutas encontrar lecciones donde normalmente nadie las ve, creo que esta newsletter también es para ti.

