El que dice “voy a tratar”… ya decidió no hacerlo.
Ojo….
Hay palabras que parecen inofensivas.
Las usamos todos los días. No generan ruido.
Pero tienen un efecto silencioso:
Programan tu comportamiento como líder.
Y lo más peligroso es que ni siquiera te das cuenta.
Aquí no vas a aprender a “comunicar mejor”.
Vas a entender algo más profundo:
Cómo las palabras que eliges… definen las acciones que terminas tomando.
Estábamos en un Mastermind en Tamarindo, Costa Rica, a finales de 2020.
Era un grupo pequeño de empresarios, en su mayoría americanos, reunidos en un formato que, para ser honesto, me pareció mucho más interesante de lo que esperaba.
Por la mañana teníamos sesiones de contenido; por la noche, nos sentábamos alrededor de la mesa a resolver casos tipo Harvard, pero con un giro importante: los casos no eran ficticios, los traían los mismos participantes.
Ahí se habló desde alguien que quería vender una compañía en México, hasta otro que compartió algo mucho más personal: su transición de dueño a líder… y luego a padre, al darse cuenta de que no podía heredarle el negocio a su hijo simplemente porque su hijo no quería ese camino.
El lugar ayudaba. Tamarindo tiene esa mezcla rara entre calma y energía, donde trabajas, pero también te das permiso de disfrutar. No es el típico evento donde todo es prisa; es de esos que te obligan a bajar el ritmo y, al hacerlo, empiezas a ver cosas que normalmente se te pasan.
Yo fui invitado como experto, pero no desde el ángulo clásico de liderazgo. En ese contexto, mi valor estaba más en negocio: mi experiencia en el mundo comercial y en mercados latinoamericanos era relevante para empresarios que querían entrar a la región sin entender realmente cómo funciona. Porque no es lo mismo operar en un mercado dominado por Walmart que en uno donde conviven tiendas de barrio, Oxxos y modelos como Atacadao. Ese contraste, para ellos, era oro.
Pero lo más interesante del evento no fue eso.
Fue una regla.
Forbes Riley propuso una dinámica simple: cada vez que alguien dijera la palabra “tratar”, tenía que hacer lagartijas.
Suena absurdo, pero no lo fue.
Se volvió un espectáculo, porque empezamos a notar algo incómodo: usamos esa palabra todo el tiempo. “Voy a tratar de hablar ingles”, “voy a tratar de hacerlo”, “voy a tratar de cumplir”. Sin exagerar, la repetíamos decenas de veces sin darnos cuenta.
En lo personal, terminé haciendo más lagartijas de las que hubiera querido.
Pero lo que realmente me hizo ruido fue la explicación.
En algún momento le dije:
—A ver, Forbes, estamos intentando… eso es mejor que no hacer nada.
Y me respondió algo que no se me ha olvidado desde entonces:
“Cuando dices que vas a tratar… ya te diste permiso de fallar.”
Ahí cambió todo.
Porque “tratar” no es compromiso; es una salida elegante. Es una forma de sonar responsable sin asumir realmente el resultado.
Y en ese momento entendí algo que no había visto con esa claridad:
No era una palabra. Era una programación.
En liderazgo pasa exactamente lo mismo.
Muchos líderes dicen que “están tratando” de mejorar:
tratar de delegar,
tratar de organizarse,
tratar de comunicar mejor.
Pero no deciden.
Y ahí está la diferencia.
Porque el lenguaje no solo describe lo que haces…
condiciona lo que estás dispuesto a hacer.
Cuando dices “voy a tratar”, dejas abierta la puerta al fracaso.
Cuando dices “lo voy a hacer”, cambias el estándar.
Y no se trata de motivación barata.
Se trata de diseño mental.
Por eso vemos líderes que:
intentan… pero no logran,
quieren… pero no ejecutan,
hablan… pero no transforman.
Porque nunca hicieron el cambio más incómodo:
de intentar… a decidir.
Por eso en el próximo programa de Elsner Leader Lab vamos a trabajar justo esto:
cómo comunicar desde un lugar que genere acción real,
no intención disfrazada de esfuerzo.
Si quieres entrar a la lista de espera, este es el momento.
Porque dominar esto no cambia lo que dices.
Cambia lo que pasa después de que lo dices.
Pero bueno…
si prefieres seguir “tratando” de liderar mejor, “tratando” de ordenar tu equipo
y “tratando” de que las cosas funcionen,
vas bien.
Total… intentar suena bonito. Aunque no pase nada.
Mario


