Delegar se siente como soltar el volante…
Aunque sabes que ya no deberías manejar tú.
Ojo…..
Hay un momento en la vida de todo líder donde el problema deja de ser hacer bien las cosas. Y empieza a ser otro mucho más incómodo:
Dejar que alguien más las haga… aunque no lo haga como tú.
Aquí no vas a aprender a “delegar mejor” en teoría.
Vas a entender algo más real:
Por qué delegar duele… y qué tienes que soltar si no quieres convertirte en el cuello de botella de tu propio equipo.
“¡Para… a la izquierda! ¡Te dije a la izquierda! ¡Más despacio!”
Iba tenso.
Demasiado.
Veníamos de Sisal, después de unos días en la playa, y decidí hacer algo que sabía que iba a ser incómodo:
dejar que mi hijo manejara en carretera.
Acaba de sacar su permiso.
Se esforzó.
Tiene ganas.
Quiere aprender.
Pero no sabe manejar como yo.
Y ahí empezó todo.
Cada curva era una alerta.
Cada frenada, una duda.
Cada decisión… una oportunidad para intervenir.
Y lo hice.
Mal.
Perdí la cabeza.
Me frustré.
Empecé a corregirlo en todo, con ese tono que no enseña… solo presiona.
Hasta que llegó el punto donde dije:
“Ya, quítate. Manejo yo.”
Fin de la lección.
Fin del intento.
Fin del avance.
Después, ya en frío, entendí lo que realmente había pasado.
No fue un problema de manejo.
Fue un problema mío.
Primero, porque perdí la calma y convertí el momento en presión, no en aprendizaje.
Segundo, No le di confianza, lo supervise como policia
Lo evalué todo el tiempo… y además lo comparé conmigo, que llevo miles de horas manejando.
Y tercero, el más incómodo de todos:
Aceptar que no estaré siempre para hacerlo por el, y llegara un momento donde él va a manejar… sin mí.
Eso mismo pasa en liderazgo todos los días.
Sabemos que tenemos que delegar.
Sabemos que no podemos hacer todo.
Sabemos que el equipo tiene que crecer.
Pero cuando llega el momento real…
intervenimos.
Corregimos.
Aceleramos.
Nos metemos.
Porque no es un tema de capacidad.
Es un tema de control.
Delegar no es difícil.
Lo difícil es ver a alguien hacerlo distinto manejando… y no quitarle el volante.
Y ahí es donde muchos líderes se quedan atrapados.
Porque creen que están ayudando…
cuando en realidad están frenando.
Frenan el aprendizaje.
Frenan la confianza.
Frenan el crecimiento del equipo.
Y lo más irónico:
“Se vuelven indispensables… pero también insustituibles.”
Por eso en el próximo programa de Elsner Leader Lab trabajamos justo esto:
cómo incomodarte lo suficiente para soltar,
pero con estructura, sin poner en riesgo el resultado.
Porque delegar no es opcional.
Es inevitable.
La única decisión es:
si quieres sufrir el proceso…
o diseñarlo.
Pero bueno…
si prefieres seguir manejando todo tú,
corrigiendo cada detalle
y asegurándote de que nadie lo haga “mal”,
vas perfecto.
Solo no te sorprendas cuando tu equipo nunca aprenda…
y tú nunca puedas bajarte del volante.
Mario
PD
Si tu equipo no toma decisiones cuando no estás… no es falta de talento.
Es que NUNCA soltaste el volante. 😏
¿Quieres Acelerar tu Transformación?
En este libro explico cómo pasar de jefe a líder sin romper al equipo:

